TRATAMIENTO DEL DOLOR Y EMDR

(Partiendo desde el síntoma)
Dr. Daniel Asis

          La utilización de EMDR como herramienta para aliviar el dolor es un recurso con un gran espacio para explorar. Como especialista en Anestesiología y dedicado al Tratamiento del Dolor, tanto con técnicas convencionales como no ortodoxas, entre ellas, EMDR, se puede afirmar,  que estamos ante una herramienta que deberían utilizar todos aquellos que desde distintas especialidades tienen contacto con pacientes que sufren de Dolor Crónico, tanto de origen benigno o por cáncer.

          El protocolo diseñado por el Dr. Mark Grant en 1995 (1), es una gran guía en el manejo del aspecto emocional del dolor: Su hipótesis de la existencia de una gran similitud entre aquellos que sufren de  dolor crónico y quienes padecen TEPT encuentra un alto grado de comprobación entre quienes vemos este tipo de enfermos frecuentemente.

          Los estudios de Neurobiología han demostrado que ciertos núcleos centrales del cerebro como la amígdala. el tálamo y el  hipocampo intervienen y están involucrados en el componente afectivo del dolor.(Le Doux,1997).

          Se ha descripto que en pacientes con TEPT y con dolor crónico se encuentran fenómenos de  similares características tales como un aumento de la actividad talámica y en corteza cingulada anterior. (Derbyshire,1997).

          Según Van der Kolk (1996) y Lenz (1997), la amígdala está implicada tanto en el dolor como en el trauma  psíquico y en ambos existe una alteración en el periodo REM del sueño.(Henry,1994).

          Se ha demostrado también una mayor actividad del hemisferio derecho en ambos casos (Hari,Van der Kolk,1997).

          Podemos concordar entonces en definir al dolor crónico como un «Trauma recurrente a partir de episodios repetidos de dolor con un constante sufrimiento físico y emocional» (M.Grant)

          Si aceptamos la hipótesis descripta tanto el trauma como el dolor crónico pueden ser vistos como un reprocesamiento incompleto o un equivocado de la información que reviene tanto en su manifestación física como emocional luego de estar expuesto a disparadores externos o internos.

          Los pacientes con dolor al cabo de 4 a 6 meses agregan síntomas como ansiedad, miedo, depresión; sumado a esto existe una memoria antigua del dolor y una memoria «a futuro» («mañana me va a doler»).

          Podemos concluir en esta breve introducción que el dolor tiene un componente físico y uno emocional y será tarea del terapeuta evaluar  qué porcentaje de cada uno se reparte en cada paciente.

          Practicar EMDR partiendo desde cualquier  síntoma físico, en este caso el dolor no difiere demasiado del protocolo habitual. Voy a describir dos casos que sirven como ejemplo, uno que he vivido como paciente y el otro como terapeuta.

          Mi experiencia personal fue gracias a un seminario que asistí con David Grand en marzo del 2002. En ese momento arrastraba una tendinitis del tendón de Aquiles izquierdo diagnosticada por ecografía que comenzó en diciembre del 2001 (con la gran crisis económica). Había realizado todos los tratamientos convencionales e incluso suspendí mi actividad deportiva, fútbol y tenis (Sub-campeón nacional veteranos médicos 1991).

          El terapeuta, D.Grand, me pidió que me concentrara en mi sensación dolorosa que venía acompañada de una imagen de mi tendón color rojo. Luego de colocarme los auriculares con el sonido bilateral alternado me vinieron imágenes de mi lesión y luego otros recuerdos de lesiones viejas como fracturas, torceduras y el más fuerte  recuerdo de cuando pisé mal en una escalera, saltando, donde me rompí los ligamentos de ese tobillo izquierdo cuando tenía 15 años; luego me apareció la cognición negativa «he castigado y castigo a mi cuerpo».

          Paralelamente aparecieron mis problemas económicos, por un lado por la crisis de diciembre de 2001, pero también la autocrítica de haber tomado la decisión de abandonar la anestesiología que me era muy redituable en el ´98, para dedicarme a lo que me gusta, aunque sea menos rentable. Luego vinieron otros recuerdos sobre mi relación con el dinero y mis dificultades para ahorrar, aún en las épocas más prósperas.

          Luego del reprocesamiento paralelo de estos dos problemas tanto los recuerdos de lesiones y el problema económico, arribé a un estado de tranquilidad con la certeza de poder revertir la situación y al mismo tiempo, desapareció la imagen de mi tobillo lesionado, tornándose más normal, y me visualizaba jugando al tenis.

          El resultado fue que ese mismo lunes pude volver a jugar sin ningún dolor hasta hoy y recompuse mi situación financiera aún en condiciones generales adversas.

          Como terapeuta voy a describir el caso muy reciente de una paciente, asistida por mí, con diagnóstico de Neuralgia del Trigémino. Se trata de una mujer de 52 años que llega a mi consultorio el 13 de agosto con dolor terrible,10 en la escala de evaluación visual del dolor (VAS), de las ramas II y III del trigémino, lado derecho de la cara, medicada con 600 mg de carbamazaepina (Tegretol), sin ningún alivio.

          Esta paciente había sido tratada por mí en el año 2000, por la misma dolencia, le había practicado en ese momento acupuntura y EMDR por un episodio de infidelidad que sufrió por parte de su marido anterior. A la aparición de su Neuralgia, al cabo de 5 sesiones el dolor cedió y continuó aliviada y sin medicación hasta el día 8 de mayo de 2003, fecha en que  la Neuralgia reaparece. Ella trabajaba en ese momento, como voluntaria en la iglesia, donde se alojaron los evacuados de la gran inundación del día 29 de abril, en Santa Fe. Medicada por el neurólogo con Tegretol 600 mg, no tiene alivio y continúa trabajando.

          Al llegar a mi consultorio el 13 de agosto ya no puede abrir la  boca, se alimenta con líquidos, tiene una gran depresión, hasta con ideas suicidas.

          Le realizo el tratamiento con acupuntura para el componente físico del dolor y le coloco los auriculares con la música con sonidos alternados, partiendo con la imagen del lado derecho de su cara, con la imagen referida por ella de «venitas rojas que le queman con chispas» (textual). A partir de esta imagen y esta sensación de dolor-quemazón, le pido que deje fluir lo que venga apareciendo entonces recuerdos de los dramas vividos en la iglesia, con los inundados. También episodios aislados de abuso de su  servicialidad por parte de los afectados, que le recuerdan que en su familia tiene la misma conducta de «vivir para los otros, pidiendo permiso para hacer sus cosas» (textual).

          Al volver a la imagen inicial al cabo de algunos minutos, ve su cara más clara y no están las chispas. Al cabo de la primer sesión, pasadas 72 horas, el dolor ha descendido a 4 puntos con la misma medicación. Le facilité un cassette con los sonidos para que lo haga en su casa. Luego, en la 2da sesión me cuenta que el fin de semana hizo un programa con amigas,»sin pedirle permiso a nadie». Se repitió el tratamiento, partiendo de la imagen de su cara, sin dolor, clara, limpia, «sin venitas ni chispas». Luego de 3 sesiones y hasta el día 15 de septiembre está sin dolor y toma 200 mg de Tegretol.

          Como resumen de los casos descriptos, mi conclusión personal me hace inclinar a realizar EMDR partiendo del síntoma, pidiendo al paciente que describa una imagen que  acompaña a éste y dejando fluir lo que le viene al paciente, redireccionando a veces lo que se desarrolla con entretejido cognitivo sin esforzarse tanto por medir la evolución .tanto del SUDS como del VOC.

 

Bibliografía

Pain Control with EMDR , Mark Grant
Defining and Redefining EMDR,  David Grand
Pain Managements Secrets, Collins y otros

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